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9 de septiembre de 2006

Métete un Palo!!!

Hará un par de semanas atrás, un día Lunes, caminaba dentro de unas galerías que hay en Estación Central. Se podría decir que andaba "vitrineando", aunque la verdad es que andaba más perdida que Sonia (Sonia, la única; excelente cantante de épocas remotas que siempre olvidaba la letra de sus canciones) buscando la entrada al estacionamiento.
Como no tenía mayor apuro, empecé a mirar tienda por tienda.
Pronto me picó el bichito ése que los antibióticos jamás podrán matar: Comprar, comprar, que el mundo se va a acabar.
Entonces, antes que el bicho se volviera gigante y me hiciera caer en gran pecado, entré a una tiendita de joyas de plata y piercing, para que nada me fuera a costar un ojito de la cara.
Una vez dentro, me tincaron unos aros colgantes con cristal murano. Los quería verdes pero solo tenían azules. Los compré igual. Como el gastadero fuera casi imperceptible, me quedaba plata y ganas de seguir gastando.
Miré como mil piercing diferentes y estuve a 10 segundos de hacerme uno en la nariz. Después pensé "Este hoyito se me va a infectar, viene la primavera, las alergias ¿y cómo cresta me voy a sonar con un pedazo de titanio incrustado en la ñata?
Bueno, como la decisión de perforarme estaba tomada y el piercing era un poco arriesgado, me tiré con algo suavecito: otro par de hoyitos en las orejas.
La niña agarró unos aros quirúrgicos (yo ni sabía que existían esas leseras), desinfectó todos los materiales que iba a usar, tomó como toda una Cowgirl una mansa pistola, la cargó con los aros y procedió a percutarla en cada lóbulo de mis orejas.
Me dio mil instrucciones a seguir para que no se me infectaran y me fui.
Grande fue mi sorpresa del día siguiente, al percatarme que los "brand new holes" estaban intactos pero los antiguos (de los cuales pendían los aritos azules) sí se infectaron.
Me eché cuanta tontera encontré: Bialcol, povidona, un antibiótico con corticoides de uso veterinario (que me peló las orejas) y no hubo caso: Cada día tenía las orejas más rechonchas y coloradas y por las noches tenía que dormir como Drácula para no aplastarme más mis orejitas.
Le Conté a la Sole (Invisible_Soledad) y le pregunté si sabía acaso los famosos palitos de orégano funcionaban.
Me dijo que sí. Así es que fui a la cocina a buscar orégano seco para incrustarme esas cuestiones antes de morir de septicemia aguda por un miserable par de hoyos en las orejas.
Solo encontré orégano molido (vaya si seré quemada). Como ya no daba más de desesperación por el ardor, abrí el refrigerador buscando verduras frescas y ¡¡¡Encontré orégano!!!
Lo lavé prolijamente, lo pelé un poco porque estaba tantín grueso el asunto y a sufrir como yegua tratando de meterme esos palitos en mis tremebundas orejas de mina poco resistente a las infecciones. Por fin lo conseguí. Los metí con hojitas y todo, me cayeron sus buenos lagrimones de dolor y volví a meterme en mi sarcófago nocturno.
A la mañana siguiente ¡¡¡MILAGRO!!! mis orejas estaban desinflamadas, habían perdido su tono rubí tirando a violeta y lo más importante, no me dolían.
Desde ese día no me he vuelto a poner aros, ando por la calle felizcota con mis palitos de orégano hermoseando las orejas.
Quién diría que un palo de orégano sirve tanto...

HABLANDO DE DEFECTOS

NO POR NADA MI BLOG SE LLAMA
"LA FULERITA"

7 de septiembre de 2006

AUTO-CÁGATE!!!

Como me dijeran que no hablo de mis defectos y no soy cobarde, acá me tiro con los que puedo ver, y, de paso, me cago un poco, solo para que no se ande diciendo por ahí que lo único que hago es tirarme flores:

  • 1.- Soy desordenada
  • 2.- conduciendo me viene toda la maldad contenida y la lanzo de un zuácate
  • 3.- Cuando alguien intenta pasarse de listo conmigo o me trata de mala manera por puro gusto, me solazo haciéndole morder el polvo.
  • 4.- Tengo un ego exacerbado para ciertas cosas (como las intelectuales)
  • 5.- Requiero inmensamente del reconocimiento de lo demás
  • 6.- Me vuelvo mono cuando alguien no reconoce mis esfuerzos o me toma a la ligera
  • 7.- Me encanta estar sola y soy muy poco sociable
  • 8.- Soy rencorosa
  • 9.- En más de una ocasión he llegado a ser vengativa
  • 10.- soy floja para casi todo
  • 11.- soy muy porfiada
  • 12.- soy humana.

I'm a creap??? - EL EGO

Hoy me dijeron egoísta al oído. Sí, porque me lo dijeron por teléfono.
Me extrañó una afirmación como ésa y pregunté las razones.
Los motivos fueron:
1.- En tu blog dijiste que tenías oído absoluto
2.- En tu blog apareces como la reina de la bondad (no fueron las palabras pero sí el mensaje)
3.- haces alarde de tu cociente intelectual

En síntesis: TU BLOG TE DELATA.

Yo pienso: egoísta no, en mi perra vida he sido egoísta. Ególatra podrá ser...pero egoísta no soy, salvo que tomáramos en cuenta la corta época en que fui menor de un año y cuando me pedían que convidara algo, sacaba literalmente una miga de lo que fuera.

Para tener un blog, de lo que sea que se trate, hay que tener ego. Puede ser uno sobrealimentado o uno que está a punto de morir de inanición y requiere con extrema urgencia ser alimentado.

Quienes poseemos blogs realmente creemos que tenemos algo qué decir, sea para sentar bases o porque necesitamos ser reconocidos.

Para algunos funciona como terapia, para otros como vitrina. Hay quienes lo usan para incrementar sus amistades.
En fin, los blogs pueden o no ser reflejo de quienes lo escriben pero muy probablemnte al menos el 90% de ellos tienen una simbiótica relación con el ego de quien lo mantiene.

¿Vale realmente la pena ponerse siquiera a pensar sobre el punto?

¿Me transformo en ególatra por tener un blog?
Claro que tengo ego. En ciertos aspectos está sobrealimentado y en otros es escuálido.

Y sí, a veces hablo de mis sentimientos que por lo general no son negativos ¿debiera callar ese aspecto de mi personalidad?
También he mencionado aspectos negativos como la flojera ¿Acaso tengo el deber de gritarle a los cuatro vientos mis caídas más feas y mis errores?

A veces, muy de vez en cuando, menciono uno que otro aspectillo intelectual (eso lo hago un poco en otro blog).

Otras veces me deshago contando mis desventuras -aunque tal vez me rearme mientras las escribo-

Otras tantas nada más divago, porque me gusta ver mi blog como un trabajo que requiere constancia y dedicación. Así es que, cuando no tengo nada que de lo que realmente quiera comentar, me dedico a balbucear por escrito, solo para ver que el trabajo es fecundo, como hago ahora.

Y me vuelvo a preguntar ¿tiene algo de malo tener ego? No soy megalómana e intento ser honesta y transparente. Claro que tengo muchos más defectos que los que menciono pero para nadie es fácil reconocerlos en carne propia. No en balde una de las preguntas "salvavidas de plomo" de las entrevistas laborales es ¿Cuáles son sus defectos?
¿Quién no se va a chucha con esa pregunta?.

Me voy a meditar acerca de mis feísmos, después los posteo y que se acallen las críticas malsanas. Y si no se acaban, tampoco me importa demasiado...no voy a cerrar mi blog porque no sea del gusto popular ¿o sí?

I'm a creap? Un poco, como todos no más. Los hay mucho peores ( me gusta creen eso, alimenta la parte maltrecha de mi ego)

(Esta vez se imaginan a Radiohead de fondo, porque creí que tenía la canción pero me equivoqué)

3 de septiembre de 2006

Un día como hoy

Hace 4 años atrás, el 3 de Septiembre fue Martes. Fue un día muy parecido al de hoy: soleado, templado; muy tranquilo en apariencia.
Para nuestra familia ese martes fue precedido de un espléndido día lunes, un día muy especial, porque mi madre, dentro de su gravedad estuvo muy animosa. Tanto, que hasta salimos las dos a hacer compras por la tarde y se encargó de llevar regalos para todos. Vio muebles que le interesaba cambiar y me prometió que de ahí en adelante, dejaría de estar todo el día en cama, pues quería retomar su vida y sentía en ese momento todas las ganas y la energía de replantear su existencia.
Fue, como digo, un día feliz, pleno, amable.
El martes partió temprano. Mi madre debía hacerse diversas pruebas por la mañana y luego partir a quimioterapia.
Una vez que todos los exámenes de rigor concluyeron, nos dirigimos al quinto piso. Saludamos a todo el mundo y se sentó en su berger favorito para ser conectada a los líquidos que, supuestamente, estaban destinados a disminuir el tumor y, con suerte, acabar con las metástasis diseminadas por su frágil organismo.
Como desde siempre fue golosa, mientras la preparaban para su sesión de quimio, salí y atravesé la calle hasta llegar a una pastelería francesa (que ya no está en ese lugar). Compré croissants rellenas de crema pastelera y otras con manjar casero: Ella adoraba las cosas dulces. También un jugo y una bebida.
Atravesé con una tremenda bolsa de delicatessen, para que se entretuviera comiendo cosas ricas, sin tener que pensar en nada más que los pasteles que se disponía a paladear.
Cuando llegué, ya estaba enchufada. Un tiempo atrás le habían practicado una cirugía menor en el pecho, a objeto de introducirle una especie de receptáculo, en el cual se insertaban las pequeñas mangueras que habían de cruzar por todo su cuerpo.
No se veía muy feliz. Estaba demacrada y cansada por el ajetreo de la mañana.
Sin embargo, cuando abrió el paquetito que le traía sus ojos se iluminaron y la alegría invadió por completo su rostro. Y yo fui feliz con y por ella.
Nos quedamos -mi hermano y yo- hasta pasado el mediodía. Después tuvimos que volver a la casa porque ambos teníamos cosas que hacer: Yo tenía que ocuparme de dejar su cama hecha, hacer el almuerzo, etc.
A las tres y media me entró la desesperación por volver a buscarla. Mi hermano insistía en que no había tanto apuro porque la sesión recién terminaba a las cuatro treinta.
Prácticamente tuve que arrastrarlo hasta el auto y partimos. Llegamos allá a las cuatro en punto.
Mi mamá se veía contenta y nos contaba lo ricos que estaban sus pasteles. La enfermera copuchaba con nosotros y comentaba acerca de lo bella y escultural que era mi madre y lo joven que se veía. Como la coquetería era algo innato en ella, no podía dejar de sonreír ante tales palabras.
Luego bromeamos acerca de ser parientes de Dorian Grey, porque la enfermera no creyó la edad de ninguno de nosotros.
Entonces comenzamos a reír y mi madre pareció atorarse. Al principio nadie se asustó porque su franca risa habitualmente le traía como consecuencia el ahogo, producto inevitable de su enfermedad.
A los cinco segundos, sin embargo, pude percatarme que no estaba atragantada (como yo, el viernes) era algo mucho peor. Supe en ese preciso instante que era mi último minuto con ella.
Puse en alerta a toda la sección de quimioterapia. Nadie, sin embargo, sabía resucitación.
La lengua de mi madre se contrajo, mientras un grito desgarrador salió de su boca pero venía directamente de su alma.
No existía en todo el quinto piso un equipo de asistencia ante este tipo de emergencias. Entonces bajé corriendo los cinco pisos y me dirigí a emergencias. En el camino me encontré con el director del Hospital Militar y lo increpé duramente por la evidente negligencia de no contar con las herramientas necesarias en área tan sensible del hospital. No me quedé a esperar su respuesta. Volví corriendo hasta mi madre, ahora tirada en el piso, mientras le practicaban resucitación manual. Fui hasta donde se encontraba mi hermano, quien no dejaba de repetir, casi como un rezo "Todo va a estar bien, ella no puede morir".
Me acerqué nuevamente a mi madre, entre gritos médicos de "asístole", luego de cada golpe eléctrico sobre su pecho.
La tomé de la mano, le pedí que se fuera tranquila, que yo me encargaría de todo y de todos: había llegado su momento de dejar de sufrir esos espantosos dolores. Todo estaría bien para ella desde ese momento. Con su cuerpo ya rígido, sos ojos abiertos y las pupilas dilatadas, con los "asítole, asístole" retumbando por toda la sala, apretó fuertemente mi mano justo antes de la inyección de adrenalina directa al corazón. Luego de ello, soltó mi mano y se fue, se fue para siempre. Se había ido 20 minutos antes, pero regresó a tomar mi mano.
Jamás podré olvidar su dulzura, su inteligencia, su belleza sin límites, su permanente alegría ni su inmensa capacidad de amar y perdonar.
No solo se fue mi madre hace cuatro años, a las cuatro y veinticinco minutos. Se fue un ángel, una persona excepcional en todo sentido.
Cada día la extraño más, cada día la valoro más.
Mami, si por esas cosas de la vida y de la muerte, eres capaz de leer esto, quiero que sepas que todos te seguimos amando, aún más que antes y que tienes al nieto hermoso que siempre quisiste. Él es el niño más lindo, más suave y especial que alguien pudiera tener. Es Down pero no te preocupes ni sufras. Todos lo amamos quizás más de lo que pudimos haber querido a un bebé sin ningún inconveniente. Entre todos haremos de él un hombre bueno, valiente y autosuficiente. Y tiene los padres que más pueden merecerlo. Una madre que es como tú y un padre que lo quiere con todo el corazón. Hasta el abuelo muere de amor por él. Para qué te digo yo. Lo cuidaremos y le daremos todo el amor que tú hubieses querido demostrar.
Mamita mía, cuatro años son una eternidad.

LEER: LA PASIÓN DE MI MADRE

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OTRA DE SUS PASIONES, LA PLAYA

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SU BELLEZA

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1 de septiembre de 2006

NEAR DEATH EXPERIENCE

No vi luz al final de ningún túnel.
Mi vida no recorrió mi mente en tres segundos.
Tampoco tuve miedo.
No vi a nadie fallecido que extendiera su mano para llevarme.

Pero estuve a unos 15 segundos de morir, hoy, cerca de las dos de la tarde.

Estaba terminando de cocinar y veo a mi padre tomar una mandarina y comérsela con el mayor de los gustos. No sé si fue de puro mona o porque se me hizo agua la boca.

No pude evitarlo, así es que me dirigí hacia el frutero y cogí la más brillante de las mandarinas. Traté de pelarla, pero era impelable. Entonces, tomé un cuchillo y procedí a partirla en mitades.

No podía dejar a las ollas solas, como si la cuchara fuera a hacer solita su trabajo o los cuchillos cocineros fueran a sacar patitas, tomar las cosas que faltaban y pelarlas.
Habidas las predichas circunstancias, no encontré nada mejor que ser una chancha desmedida y me zampé las dos mitades directo a la sanguchera, con el objetivo de despejar las manitas y continuar mis tareas de ama de casa a la fuerza.

Habrían transcurrido unos 30 segundos, cuando decido tragar lo que yo creía era el primer pedacito de naranja.
Nada más erróneo.
Dos gajos comenzaron a bajar por mi garganta. Se deslizaron con cierta dificultad, así es que decidí tragar con fruición, para evitar dificultades.
Otra grosera equivocación:
Los trozos de cítrico no siguieron su camino hacia el esófago. Se detuvieron en su paso por la tráquea justo a la altura de las cuerdas vocales, motivo por el cual no pude decir palabra acerca del "percance" que me estaba ocurriendo.

Decidí mantener la calma y seguir intentando tragar.
Luego de un minuto, me di cuenta que no iba a poder deglutir. Además, hacía ya un munuto que no respiraba ni era capaz de emitir sonido alguno.
Entonces, partí en dirección al dormitorio de mi hermano, quien, por fortuna, había llegado justo a visitarnos.
Mediante señas, le indiqué que, o me ayudaba con prontitud o su única hermana perecería producto del chancherío de engullir mandarinas.

Para darles una idea, soy una mina de contextura media, de 1,60 de estatura. Mi hermano es un tipo bastante fornido , con 1,84 metros a cuestas.

Se puso tras de mi y empezó a apretarme la base del estómago (a la altura del píloro), sin conseguir ningún resultado.

Como su desesperación iba en aumento, empezó a alzarme, yo calculo que a un metro de altura y casi reventándome las vísceras: NADA, NO HABÍA CASO.

Entonces fue la hora de empezar a pensar en mi muerte. Mal que mal, habían transcurrido tres minutos sin respirar y me acercaba peligrosamente a mi record de 3,20 segundos conseguidos en la adolescencia, bajo el agua.

Me dirigí nuevamente a la cocina. Me encontré a mi papá, quien también intentó ayudarme, mientras podía ver borrosamente las caras de Alicia, mi cuñada, mi tía y mi hermano, pálidos y presa del pánico real de estar presenciando mi muerte.
En los pocos segundos que me iban quedando, pensaba en lo estúpida de una muerte como ésa. Pudo ser un infarto, un accidente de tránsito. Cualquier cosa menos atragantarse con una mandarina.
Luego de ese segundo de pensamiento, vino el último: meterme la mano por la garganta hasta empujar los mentados gajos y poder, finalmente, tragarlos. Ya no podía ver, estaba apoyada sobre un mueble, porque todo me daba vueltas.
Abrí la boca, introduje mi mano izquierda lo más profundamente que pude e intenté tragar.
LO LOGRÉ!!!
HOY NO MORÍ.