Hace muchos años que tengo una pareja. Casi dos desde que vivimos bajo un mismo techo e innumerables las veces en que ha amenazado con dejarme. Las primeras veces temí que lo hiciera, ya después me percaté que solo intentaba intimidarme y le advertí que la próxima vez que lo hiciera yo misma me encargaba de echar fuera de mi casa todas sus cosas. La última, lo hizo con tal ferocidad y convicción, que fui yo quien le buscó arriendo, yo quien le sugerí alternativas.
Y qué logré con eso? Pues nada más y nada menos que le contara a todo mundo que yo le había echado y casi sin quererlo, me enteré que todo mundo le encontraba razón, que me había pintado como un lastre en su vida y que aprovechara mi maldad para irse de una buena vez y así deshacerse del lastre de mi.
¿Mi verdadero yo? Pues tengo un desorden bipolar que supe mantener a raya incluso cuando mi padre murió y mi pareja desapareció por más de un mes, dejándome completamente sola y en el más profundo y descarnado desamparo emocional. Se ha manifestado antes y me apoyó, estuvo conmigo pero esta vez no, de frentón no. No se cuenta que fue quien gatilló el momento por el que estoy pasando pero para hacer su buena obra me consiguió un nuevo loquero que lo único que hará será empastillarme hasta las orejas.
Pero parece haberse borrado de su mente que cada vez que ha tenido un problema, yo estuve ahí. Incluso si un familiar estuvo en apuros, yo también estuve ahí, dando todo lo que podía para ayudar.
Ahora estoy seca, vacía por dentro, me siento atrapada por su autismo, su egoísmo a toda prueba que borra de un plumazo cada cosa que hago. Nunca nada es suficiente, nunca nada es valorado. Me ignora y me desacredita, sus palabras se han vuelto violentas. Si le hablo a las paredes tengo algún retorno, porque nada de lo que digo llega a sus oídos, mucho menos a su cerebro ni a su corazón.
Hace del desaire de algún compañero de trabajo casi un impedimento para seguir trabajando. Si le duele el estómago tengo que llamarle un doctor a domicilio y yo en este momento, tengo una sepsis bucal que me tiene la cara convertida en pelota y que es extremadamente dolorosa, amigdalitis y dolores varios y ni siquiera es capaz de preguntarme como me siento. Muy por el contrario, me dice que yo siempre tengo algún dolor o enfermedad que alegar para no hacer lo que espera de mi, es decir, ser la típica mujer que es capaz de sacar los guardapolvos de las paredes cada semana para que todo esté impecable. Y no lo soy, nunca lo he sido no creo que llegue a serlo.
Y yo no tengo nada, ni padres, ni hermanos (uno, pero que poco le interesan los problemas ajenos y yo soy una ajena, desde que se casó).
No tengo amigos, no tengo nada, ni siquiera un trabajo estable. Todo lo que tenía eran mis gatos que fueron anulados por sus dos perros. Todo lo que tengo soy yo misma y mis responsabilidades, mis miedos y mis eternas penas.
Todo lo que buscaba era amor pero ese de verdad (o tal vez el más mentiroso de todos). No quería alguien que me mantuviera. Nadie lo hace, desde hace muchos años. No buscaba nada material, que eso me lo procuro yo, en medida de mis posibilidades.
Quería llegar a casa y encontrar un hogar, un remanso. En cambio, al llegar encuentro todo destrozado por sus perros y para colmo, debo limpiarlo rápido, antes de que llegue y me rete por floja o haga un escándalo de proporciones. Salgo apurada al trabajo, porque antes debo dejarles agua y comida a los canes. Al llegar es lo mismo y antes de acostarme también. Luego de limpiar los destrozos, tengo que limpiar el patio, porque lo usan como baño. Por las noches duermo horrible, porque ellos también duermen en mi cama y ambos son grandes.
Prácticamente mi único tema de conversación, porque voy del trabajo a la casa y viceversa, es la única persona que trabaja conmigo, a quien tampoco puedo nombrar ahora, porque le tiene celos.
Estoy entrando menos a internet, porque le molesta verme absorta perdiendo mi tiempo en jugar infantiles juegos ¿en vez de qué? De limpiar, probablemente, porque no me dirige la palabra salvo para hablarme de sus amigos o de lo mal que se siente en su trabajo.
Y su queja es tener que limpiar los fines de semana.
Me siento demasiado sola, demasiado mal, demasiado usada y abusada.
Si no le importo y es bastante obvio que así es ¿por qué no se va de una vez? Si ya estoy sola permanentemente, qué más me da. Pero claro, no es por mi. De alguna forma le conviene mantenerse acá, aunque sea para tener sobre quien descargar sus rabias, sus angustias y sus inseguridades







