Fue después de almuerzo.
Me fui a acostar un rato, porque tenía muchísimo frío.
Él me despertó: di vuelta la cabeza y ahí estaba, recostado a mi lado, con sus profundos ojos azul mar mirándome, como extasiado.
No decía nada. Sólo me observaba, atento a cada uno de mis movimientos.
Me acerqué y le besé una mejilla. Su piel es suave como la seda y blanca como leche.
Tiene unas hermosas pestañas rubias y onduladas.
Yo también lo miraba. No podía despegar mi ojos de él. Es tremendamente bello, como un ángel. Hubiese querido saber lo que él pensaba cuando me miraba.
Lo abracé, suave y cálidamente a la vez. Lo sentí mío. Por ese instante fue solo mío.
Él tomó mis manos y, mientras los hacía, su cara comenzó a enrojecer.
Sus rubias cejas se fruncieron levemente, mientras apretaba mis manos.
Entonces nos dimos cuenta: SE HABÍA HECHO CACA!!!
Sí, mi hermoso sobrino Joaquín despedía un olor a flores podridas tremendo y más encima era la hora de la papa.
Tuve que partir disparada a una farmacia a comprar fórmula y un biberón (y de paso un gorrito de Winnie the Pooh)
De vuelta, a hacer lo que nunca había hecho antes pero (aunque no lo crean, esperaba con ansias poder hacer).
Con gran torpeza y manso susto de dañarlo, lo desvestí (estuve como un cuarto de hora solo en eso). Además tenía pichí hasta el cogote.
Vamos secando la ropa (porque en su bolsito no había...voy a tener que comprarle cositas para cuando venga). Mi padre y mi tía secaban la ropa mientras yo lo limpiaba de pies a cabeza.
No puedo negar que cuando vi su "obra" me dieron arcadas (es que soy muy asquienta) pero se me pasaron en cuanto miré su carita.
Ya me disponía a tomarle las patitas para levantarlo y limpiarlo como corresponde, cuando veo que este ángel de apenas un mes de vida, solito levantó sus piernitas.
Lo limpié hasta que casi le saqué la piel (pobrecito). Luego lo entalqué como empolvado y, por primera vez en mi perra vida, cambié pañales.
Me sorprendió lo fácil que es. El verdadero problema fue vestirlo y desvestirlo pero cambiar pañales las cagó pa'ser sencillo.
Una vez hecho eso, seguí las instrucciones del tarro y le preparé fórmula. Entre mi papá y yo se la dimos y tomaba como si hubiera pasado una temporada completa en el desierto.
Más tarde le saqué los chanchitos, le limpié su nariz (parecía pajarería) y se quedó dormido.
Cuando mi cuñada llegó, Joaquín dormía como desmayado y me preguntó cómo le había preparado la mamadera. Le expliqué y me dijo: ¡¡¡Le diste pura agua!!! Putas que me sentí mal. Y yo pensando que estaba lista pa'ser mamá. En fin, ahí me explicó cómo tienen que ser las medidas y qué cantidad de agua hay que ponerle al biberón para que el sabor y la nutrición sean las perfectas. Ahora lo sé y no volveré a sub alimentar a mi sobrinito.
Fue mi primera vez y fue hermoso!!!
Don Heraldo y las caricaturas
Hace 7 años.






