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16 de enero de 2012

Discriminación e Indignados

Ha sido tema de discusión pública las últimas semanas. Toda esta avalancha comenzó en el reducto de moda entre quienes -en la región metropolitana- tienen más dinero. 
No puedo partir sin señalar que ya ese solo hecho tiene un primer cariz discriminatorio ¿Por qué será que los acaudalados siempre tienen que andar arrancando del populacho? En realidad, me respondo sola: La gente con plata, sobre todo los aspiracionales (aunque el adjetivo pueda sonar en sí discrimininatorio), intentan a como dé lugar arrancar de los barrios, sectores, barriales, poblaciones que fueron su cuna. Tienen esa necesidad de diferenciarse del resto, aunque para hacerlo se vayan a vivir a la misma cresta. Mientras más lejos del roterío, mejor.
El punto es que, lo quieran o no, deben convivir periódicamente con el "submundo" al que pertenecemos la gran mayoría de los chilenos: La clase media y aquellos que son derechamente pobres. Pero no tener plata para ellos es -como bien decía mi abuelo- el equivalente a ser tiñosos. No tener plata para irse a Cancún mes por medio (y es que ése suele ser un destino de lo más codiciado) es algo de lo que podrían llegar a contagiarse.
Ayer, una de estas mujeres aspiracionales, avecindada en el punto neurálgico del conflicto, apareció muy suelta de cuerpo por las pantallas de televisión, señalando que le parecía "un horror" que las nanas y los obreros puedan caminar por las mismas calles cerradas por las que sus hijos pasean en bicicleta. No voy a opinar acerca de ella, porque me parece que sus "enunciados" son tan impresionantemente básicos que -creo- son indignos de todo análisis.
Yo voy a esto otro: ¿Se puede, razonablemente, esperar algo distinto?
Partamos por el modelo social y la propia naturaleza humana: la gran mayoría de los mortales nos encontramos sumidos en una eterna competencia por ganar, por ser el mejor. Eso muy probablemente responda a nuestros más primigenios instintos de supervivencia y preservación (además del ego y cuanta cosa podamos extraer de nuestra psique). Topando luego, con el modelo económico y social, vemos que "lo que la lleva" es hacerse de fortuna, a objeto de satisfacer todas esas necesidades, generalmente superfluas que se supone tenemos y, de paso, como ganadores, pisotear sutil o no tan sutilmente, al que perdió en esta batalla.
La niñita ésta, que lanzó su frase para el bronce, no hizo otra cosa que manifestar, dar a conocer que ella era una ganadora del sistema, entendido así, muy burdamente, por cierto.
Desde el otro lado, han aparecido todos los indignados, arremangándose la camisa para caerle encima a esta pobre, pobrísima mujer (pobreza de espíritu, de sesos, de filtro. Está demás decirlo). Pero hay muchos, por lo que puede apreciarse a simple vista, que no se indignan con la injusticia en sí, ni con el desdén que muestran unos pocos en contra de otros muchos, sino que salta a la vista su indignación con el sistema que los ha dejado marginados y ven, con temor, como ese proceder y esa manera de "pensar" puede perfectamente atacarlos y hacer de ellos una presa más. Convengamos: Existen muchos idealistas a la vera del camino y que, una vez que tienen su oportunidad, gustosos aceptan entrar al sistema y se transforman en una eficiente pieza del armatoste que una vez repudiaron.
Pero dicen que por algo se parte:
Estos "indignados" salidos de los vericuetos del momento tampoco están demás. Ninguna indignación sobra a este respecto. (Los indignados de Wall Street no son otros sino aquellos que pertenecieron al sistema y la cuasi bancarrota del país del norte los hizo caer de una rueda de la que -de no mediar la desgracia- tampoco se habrían soltado).
Creo que fue Rawls quien dijo que la equidad proviene (en su teoría) de desconocer el lugar que uno realmente ocupa dentro del sistema, de manera que todos podremos convenir en las reglas más justas y menos perjudiciales, precisamente, porque nos cubre ese "velo de ignorancia" que nos hace temer. Acá se aplica la misma lógica pero a la inversa: en efecto se ha estado en ambos sitios (los indignados del primer mundo, sobre todos los otros) y, habiendo caído en el abismo de encontrarse fuera de este sistema perverso, habiendo calzado los zapatos del otro, no pueden menos que convenir unas reglas más beneficiosas para todos, aunque todo parta del simple temor. Después de todo, del temor a la convicción hay un solo paso. Si no lo creen, consulten las fuentes de casi todas las religiones.