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30 de mayo de 2010

Una gran pena

Revisando el blog y mi blogroll, recuerdo los años dorados del blogueo, con tantos amigos blogguers, con quienes conversaba a diario y los leía con fervor, porque -y a pesar de ser todos diferentes- teníamos un cierto hilo conductor que nos unía, hasta que sin ponernos de acuerdo ni nada, desaparecimos todos del mapa. Nunca más actualizamos, nunca más fuimos a las páginas de nuestros cibernautas amigos para leer alguna de las ingeniosidades que se les había ocurrido, nunca más nada, ahora todo es como un árido desierto. No, en realidad es todo como un pueblo fantasma, de ésos en donde alguna vez se desarrolló una bollante ciudad pero hoy ni las ánimas penan.
Recuerdo tantas cosas, como cuando conté que casi me herví en salmuera dentro de mi bañera aplacando mis eternos dolores de espalda y cuello o cuando hablaba del "Bulto" (mi pareja de la época) hasta que llegó un macabro personaje a ensuciarme el blog del tal manera que borré al famoso "Bulto" de todas mis entradas posteriores y logré deshacerme del estúpido gnomo sin vida que se aparecía a puro mosquearme (y de paso les tiraba mierda a los que comentaban en mi blog (que no eran pocos, como hoy).
Me acuerdo cómo entraba con energía, onda "aquí te las traigo Peter" al blog de Roberto (ATTS) a dar mi siempre instruida opinión (porque si no dominaba bien el tema de su post, primero estudiaba un resto y después entraba a pelear con todos los ignorantes que entraban allí, jurando que demostraban algo...era muy, muy entretenido ver las roscas que se armaban: Nada más atrayente que una discusión de ideas. O el entrañable blog de la Sole, que extraño mucho no poder leer. Lo que hay ahí ahora dista mucho de lo que yo conocí.
Este propio blog desapareció por un tiempo y hoy tampoco es ni la sombra de lo que un día fue.
Es la nostalgia, como dice por ahí una canción perdida en el tiempo.
Es una gran pena.
A ver si un día -ojalá más temprano que tarde, les entra las nostalgia a todos y volvemos a ser el "anillo de blogs" que un día fuimos. Y de no ser así, creo que seguiré escribiendo de cuando en vez, porque siempre hay cosas que contar, ideas que una quisiera compartir o sentimientos que develar. Escribir es tan vasto como vivir y me viene del alma como ninguna otra cosa. Capaz que les haga caso a unos señores españoles que un día escribieron a mi correo y me ofrecieron una excelente oferta que no acepté por ser simplemente cobarde ¿Qué tal si no me iba como ellos esperaban?
Pero bueno, el tema era otro y, como de costumbre me desvié.
El punto es que quiero a mis amigos blogguers de vuelta, tanto en sus páginas como acá, perderlos es una gran pena.
Y aunque todo en la vida cambie, siempre habrá cosas con las que no me corfomaré, aunque guarde en mi corazón un trocito de ellas (o tal vez por lo mismo).

17 de mayo de 2010

Hay personas...

...y personas.
Con ya no pocos años sobre la espalda, he conocido de todo.
En medio de la adultez, sin embargo, he conocido el lado A y el lado B de muchos.
He trabajado como independiente toda mi vida pero también he tenido paréntesis laborales de trabajo dependiente.
En el primero que tuve, me encontré con la total antipatía de quienes me eran más cercanos, todo porque el jefecito tenía planes mayores para mi (de los que me vine a enterar tiempo después de haber renunciado) Era un trabajo muy bien pagado, con muchas proyecciones y con el que me di hartos gustitos profesionales. Era, sin embargo, trabajar para el demonio, con todas sus gárgolas a mi alrededor y sin un minuto de descanso ni para dormir. Y como mi alma no está en venta, pues renuncié.

El segundo trabajillo partió muy bien, parecía que éramos equipo y todo marchó sobre ruedas hasta que de pronto mis compañeras de trabajo se transformaron (se repite el cuento) en mis enemigos, solo que esta vez nunca supe la razón, salvo el cahuín en que me metió una empresa externa. Jamás podré perdonar el trato que me dieron y lo tremendamente injusto de la situación.

El tercero pasó piola. Casi trabajaba sola y el contacto con la empresa se daba más por mail que por otra vía, hasta que quebraron y la entretención pasó a mejor vida.

Ahora estoy en otro, al que llegué por grandes casualidades de la vida y ha sido muy gratificante. Lástima que tenga los días contados. Pero no me puedo quejar: llegué a hacer una suplencia por 15 días y voy a enterar nueve meses: lista pa'ponerle nombre a la guagua.
Fue lindo, aprendí mucho. Me siento profesionalmente enriquecida (aunque no ha faltado el mequetrefe que me ha preguntado ¿pero cómo has podido rebajarte así?). Conocí personas bellas (y otras no tanto), una forma de trabajo totalmente desconocida para mí, que siempre la vi desde fuera y nunca di demasiada importancia. Pero la tiene y mucha.
Me iré atesorando grandes y muy lindos recuerdos, habiendo ganado mucho en lo profesional (aunque, insisto, muchos conocidos y hasta amigos aún no se explican qué hacía yo metida ahí, sin entender que todo trabajo es digno y todo trabajo enriquece. Y éste más que muchos otros, para la profesión que poseo. Es más, a varios he recomendado intentar meterse en ese sistema, porque les va a cambiar la perspectiva en muuuchos aspectos).

En fin, hay personas y hay personas, se titulaba el post.
Las he conocido odiosas, cahuineras, mentirosas, flojas y un larguísimo etc. Hoy por hoy, la suerte me ha sonreído y caí redondita en un equipo de trabajo excelente.
Habrá de dulce y de grasa, como en todas partes, pero acá sobra lo dulce y eso es escaso de encontrar.

Serán siempre bellos recuerdos. (eso sí, intentaré borrar todo lo amargo, que fue poco pero intenso...y es que hay personas...y hay personas...)

1 de marzo de 2010

Las tragedias cotidianas: Terremotos más, terremotos menos...

Que alguien se golpeó fuertemente un dedo, que el auto lo dejó botado, que perdió el vuelo, se murió una madre, un niño nace con problemas, un invierno con inundaciones, un día de verano con terremoto y maremoto...
Para cada chileno esto debiera ser parte de la vida misma. Sin embargo, cuando cualquiera de las predichas situaciones ocurre tienen la máxima urgencia o gravedad para quienes la sufren.

Claro que lo del viernes está siempre comtemplado para un futuro pero cuando ocurre, parece que casi nadie lo llevara internalizado en su disco duro, casi como una lobotomía colectiva, con gritos, llantos desesperados "acabo de mundo" gritaban los ancianos, aún cuando a ellos no les haya pasado absolutamente nada.

Estoy harta de escuchar hablar de la unidad nacional, del estado de catástrofe, de las réplicas y las súplicas.


Nada más que otra catástrofe, aunque esta vez colectiva, con muchos muertos y damnificados.

¿Cuántas personas habrán muerto en lo que iba corrido del año hasta el 27 de febrero? ¿Cuántos familiares acongojados por su pérdida? ¿Cuántos "damnificados" por tanta cosa que puede ocurrirle a cualquiera?
Detesto ver al de bracitos cortos clamando por la unidad nacional, para camuflar un desesperado grito de "Déjenme gobernar, que ahora es mi turno pero no voy a poder si ustedes no se suman a mi proyectito".
Me pasmó ver por la tele a la gordis, tan soberbia como soberana, diciendo que no necesitamos ayuda externa. Porque, puchas, qué tremendo país somos, pos hombre!!!

Hasta risa me dio ver al pillín que se llevaba su buen plasma de 42 pulgadas y lo mandaron con soberana patá'en la raja para su casa, sin víveres, sin plasma, sin orgullo y SINvergüenza.

CHILE PUEDE, VAMOS CHILE, LEVANTEMOS CHILE, SOMOS LOS TIGRES DE SUDAMÉRICA ¿ACASO NO LO VIVIMOS TODOS ANTENOCHE?
PERO QUÉ GRAN PAÍS.
¡¡¡VIVA CHILE MIERDA!!! (pero que viva para mi, porque el resto es nada más eso: el resto).



Con Dvorak se lee mejor (de la sinfonía del Nuevo Mundo)


19 de febrero de 2010

Planetaria

Despierta, se va a la ducha.
Prende el ordenador y abre sus carpetas de trabajo.
Lee, las piensa y trabaja.
Vuelve a leer.
Lo encuentra malo y lo borra.
Continúa el trabajo.
Reescribe todo e investiga.
Recabando información vuelve a pensar:
"no está listo, todo otra vez"
Así se le va la mañana.
Al mediodía hace un alto y cocina.
Come y se dirige a su página.
Le parece bien lo que escribe
...luego ya no, no tiene sentido
y lo borra.
Al trabajo otra vez, piensa.
Y rehace el ciclo:
Lee, investiga, escribe,
vuelve a leer y vuelve a borrar.
Entremedio contesta correos,
manda otros y responde.
Al atardecer,
luego del sopor de otro día poco fructífero,
se mete a la tina e intenta descansar.
Se le ha ido una hora.
Se incorpora e intenta escribir una vez más.
Primero una pasada por el hobbie
Luego de cabeza a las obligaciones.
Se acuesta, duerme.
Despierta, va a la ducha...

18 de febrero de 2010

Cuadernos del Argonauta: EL PODER ES UNA ENFERMEDAD MENTAL

Cuadernos del Argonauta: EL PODER ES UNA ENFERMEDAD MENTAL

Vagando por Facebook me topé con este enlace y como justo hoy había estado discutiendo el tema, entré y puchas que me sentí identificada.
Al parecer soy una anarquista disfrazada de mansa oveja (no de Maaansa oveja).

Si es que alguien perdido por ahí me sigue leyendo de cuando en vez, les recomiendo el sitio. Léanlo, les sorprenderá.

Y ya, pos, aprovechando el impulsillo, me toca decir alguna cosa: Entonces, COSA.

Hablando en serio, echaba de menos escribir: mucho. Y es que por escrito las cosas me resultan más fáciles de soltar, espetar o decir.
Llevo tantas ideas metidas dentro, tantas sensaciones, sentimientos e historias que me pican los dedos por escribir como si me llevara el diablo. No lo hice antes, porque ahora mi pega consiste en analizar y escribir todo el día y llegar a mi casa a hacer otro poco más de lo mismo...pues sentí que era como mucho. Pero no, no es mucho cuando lo que quiero decir no está en las cosas que redacto en el trabajo. Yo no estoy en esas palabras, por muy propias que puedan ser (cuando lo son).

La espalda me está comiendo de tanta mala postura, los ojos ya no ven como debieran y las lecturas se me vuelven casi imposibles, porque hasta las letras llegan a cruzarse y veo todo borroso.

Me ha entrado nuevamente ese bichito trabajólico que no me permite descansar, que solo me deja descansar cuando duermo forzada por mis pastillas especialmente recetadas para eso. Ya casi no tengo vida y la poquita que me va quedando se ve completamente absorbida por el trabajo.
¿Qué puedo hacer? Si cuando me dicen "distráete un poco" me suena a sarcasmo, si ahora mismo estoy repasando cada momento del día y lo mucho que tengo que hacer (y el poco tiempo que me queda para ponerme al día).
Claro, si sigo así me voy a reventar, porque ya no tengo 20 y siento el agotamiento.
Sí, ya estoy agotada. Teniendo la cabeza repartida en mil partes distintas, con un dolor en el cuello que me llegan a dar ganas de llorar pero que en trabajo disimulo lo mejor que puedo. Llevo más de un mes enferma pero nadie lo sabe. Tengo fiebre, el ya mentado dolor de espalda, una jaqueca permanente, dolor de oídos, en fin, lo que nombren, lo padezco en estos momentos.

Pero basta de lloriquear. Hasta se me esfumaron las ideas y los cuentos por contar (que son -o eran- hartos).
Como dicen los gringos, nos vemos cuando nos veamos...en fin...

23 de agosto de 2009

Cuando creo que te irás

Cuando lo creo, créeme que mi cuerpo se hace pesado, porque esta necesidad de ti es como infinita. Hasta es perceptible para los demás, muy a mi pesar.
Ayer lo he creído y una espantosa pena me empezó a corroer. Un terror a estar sin ti. Puedes llamarle dependencia, si es que lo crees conveniente...pero no lo es. Es eso, un poco de aquí, un poco de allá y tanto, tanto más que no puedo ni empezar a pensarlo.
Como te vi tan lejos, intenté tomar las riendas en mi pensamiento y alejarme yo. Distanciarme, para hacer las cosas más simples. No llamarte, no esperarte. No despedirme más con un beso. Alejarme de tus amigos, volverme poco a poco invisible, hasta que mi presencia pasara desapercibida para todos, aún más para ti.
¿Difícil? Pues claro, claro, claro, porque mi primer irrefrenable impulso era correr a tus pies e implorarte perdón, rogarte por otra oportunidad, atosigarte hasta convencerte que tu lugar es conmigo, ahora y siempre, aunque yo sea una sarta de huevadas a quien ya nada le sale bien y que toma siempre la acera de enfrente, tal vez porque es más fácil transitarla, tal vez por mis incontenibles impulsos autodestructivos....y como no quiero que tu destino sea arrastrarme como un lastre, pensé ser digna, por una vez en la vida y dejarte ir.

Para algunos el amor es un cliché y, a decir verdad, lo es, en cierta forma pero no por ello dejo de sentirlo fuerte, presuroso, arraigado.
Y si te vas, vete conmigo. No me dejes ni me sueltes. No me olvides. No me hagas indigna, aunque lo sea. Tan solo pretende que valgo la pena, así como trato de hacerlo yo, cada mañana, cada tarde y cada noche en que me asalta mi podredumbre y la espanto a escobazos mentales y pienso que alguna vez fui. Me he ido poniendo borrosa con los años pero tuve mis momentos y deben servir para algo, aunque sea para aferrarse un poco.

Cuando creo que te irás, trato de irme contigo y ver en mi lo que veo en ti pero creo que eso es imposible.

29 de mayo de 2009

Dando vueltas como una gran pelota

Dando vueltas casi no se notaaaaa....

Algo me decía que éste iba a ser un viernes convertido a sábado regalado. Y así no más fue. No tuve tribunales, tenía un cliente temprano pero parece ser de esos que posponen las citas hasta el cansancio.
Así es que acá estoy, rebotando como pelota recién comprada. Pero es una tranquilidad, a decir verdad. Qué agradable es no hacer nada porque no hay nada que hacer; porque debo confesar que es horrible el sentimiento de culpa que me baja cuando me dedico a tontear en vez de trabajar. Igual puede ser que vea alguna que otra cosilla atrasada porque se me perdió en el tiempo y el espacio pero no es nada de vida o muerte o al menos es como prefiero verlo porque ¡Oh, mierda! en realidad no lo debo posponer, le que hace que este sea otro viernes angustioso. A mi no más se me tenía que ocurrir dedicarme a escribir, cuando debí simplemente entregarme al ocio desatado.
Estúpida de mi.
Cagué no más, pos.

24 de mayo de 2009

Mis gatitos




Siempre quise mucho a los gatos y hoy tengo varios.

Esta es una entrada de diciembre de 2006, a propósito del padre de tres de mis peludas hijas.

La posteo porque me gusta y porque necesito inspiración para volver a escribir.

Yo era un gatito muy lindo cuando nací. De pelaje semi-largo, rubio atigrado.No conocí a mi papá pero mi mamá me quería mucho. Me daba de mamar, me lavaba y me calentaba, porque cuando mis hermanos y yo nacimos era otoño.Mi mamá vivía en la casa de unos humanos. Ellos le daban de comer sobras, la echaban si se acercaba y no le demostraban ningún tipo de cariño. No entiendo por qué, si ella era tan amorosa y linda. Tampoco entiendo por qué mi mamá no se fue de esa casa.A nosotros nos odiaron desde el día en que nacimos. A mi especialmente.Me echaron a la calle cuando aún no tenía un mes de vida. Me llevaron lejos, tan lejos, que no supe encontrar el camino de vuelta a mi madre. Así es que empecé a vagabundear.A veces se me acercaban niños y sus padres les retaban por intentar acariciarme. Si los niños insistían, los adultos me correteaban de una sola patada por las costillas. Yo creo que debo tener varias rotas, porque los golpes fueron muy fuertes y después de cada uno, se me hacía muy difícil caminar y hasta respirar.Tuve hambre muchas veces y escarbé en las sobras que la gente deja en bolsas negras fuera de sus casas. Me gustaron los restos que dejaban en una casa en particular, así es que todas las noches les abría la bolsa y comía lo que encontraba. Cuando los dueños de la casa se dieron cuenta y me vieron, creí que me adoptarían, porque varios se acercaron a mirarme. En cambio, traían escondidos unos palos como de escoba y me apalearon entre tres, incluído un niño. Siempre pensé que los humanos más bondadosos eran los pequeños pero me equivoqué.Con la paliza perdí un par de dientes. La nariz me sangraba y vomité sangre varias veces.Una vez que pude volver a caminar, decidí subir a los techos de las casas y no bajar más: los humanos son animales muy peligrosos y dañinos.Permanecí en los tejados unos dos o tres meses, deambulando de un techo en otro. De vez en cuando me asomaba al interior de las casas, porque podría encontrar a mi madre o mis hermanos (uno nunca sabe). Una mañana, me asomé al patio interior de una casa y vi dos gatitos muy parecidos entre sí, de colores que yo nunca antes había visto. Estaban jugando con varios humanos. Esos humanos no los golpeaban: corrían con ellos, les lanzaban pelotitas muy bonitas y les hacían mucho cariño en sus cabecitas y espaldas. Recordé que así me trataba mi mamá. Entonces quise bajar, pero el techo estaba muy alto y me asusté ante la posibilidad de estrellarme contra el suelo. Miré para todos lados y en una esquina se veía un naranjo. Fui hasta él y bajé -con bastante esfuerzo- por él, hasta llegar al antejardín de la casa.Esperé en la puerta hasta la noche pero nadie me abría. Llovía mucho y me mojé entero. No podía dejar de tiritar y me sentía muy mal y muy hambriento.Al fin, apareció una mujer. Cuando nos vimos, mi primer impulso fue arrancar aunque ella no parecía feroz. De todas formas me escondí entre los arbustos.La mujer (ahora es mi mamá) se devolvió a su casa y regresó con un plato de comida seca (que terminó por gustarme), un jarrito con agua y una caja forrada con ropa.Y me quedé.Al poco tiempo no me pareció mala idea entrar a la casa y quedarme a vivir allí, asi es que entré varias veces pero otros humanos que vivían en la casa me sacaban rápidamente y tenía que volver a la lluvia y el frío del mini porche.Empecé a enfermar. Cada día me sentía peor. Me dolían las encías al masticar y ni siquiera podía lavarme sin sentir un penetrante dolor. Pensé irme de allí pero las fuerzas no me daban.Ya estaba completamente decidido a marcharme, cuando el mayor de los humanos me hizo entrar ¡No lo podía creer! Entré corriendo de la pura felicidad, recorrí la casa completa y me acosté en las camas de todos y cada uno de los humanos. Salté, ronrroneé, fui realmente feliz. Pero tanto ajetreo acabó con mi energía y al día siguiente no fui capaz de levantarme. Entonces, mis nuevos compañeros humanos me llevaron a un lugar. Yo pensé que me iban a botar. En cambio, me presentaron otro humano y le dijeron que yo me llamaba Samuel. Ese hombre me enterró unas cosas puntudas en las piernas, me tiró algo muy helado directo a las encías y les dio muchas instrucciones a mis humanos.También les dijo que yo tenía una enfermedad rara y que siempre iba a tener recaídas.No me importó mucho. Después de los pinchazos, volvimos a la casa y al otro día me sentía como nuevo, tal como me sentía cuando estaba con mi mamá.Estos humanos siempre me estaban haciendo cariño, me dejaban dormir en sus camas y me daban toda la comida que yo quería. Los otros gatitos de la casa no se enojaron ni quisieron pegarme, así es que se transformaron en mis hermanos.Al año siguiente, la gatita de la casa se transformó en mi compañera. Tuvimos tres hijas y yo las vi nacer a todas. Tuve que defenderlas del otro gato, porque se puso celoso y quería hacerles daño. Podré ser cobarde pero prefiero que ese gatote me pegue a mi antes que toque siquiera a mis hijitas.El año pasado estuve muy enfermo. Vomité mucha sangre y mi piel se puso amarilla. Todo me daba asco y volví donde el caballero que me pinchó. Estuve ahí una semana. Me sentí muy solo pero me recuperé y volví a mi casa, con mi familia. Luego de ese episodio no volví a sentirme tan bien como antes pero seguí igualmente feliz y animoso.La semana pasada comencé a sentir los mismos malestares, solo que esta vez los humanos no lo notaron de inmediato. Cuando se dieron cuenta, me llevaron nuevamente donde ese hombre de pelaje azul. Desde el lunes me estuvieron inyectando cosas pero esta vez no me sentí mejor. No como nada desde ese día, cada día me siento peor. Ayer dejé de sentir mi patita izquierda y ni siquiera he podido ir al baño. La respiración se me volvió muy dificultosa y en la casa intentaron muchas veces obligarme a comer. No puedo comer. Si como, seguro que vomito.Hoy me llevaron otra vez al doctor (como todos los días) y yo no quería ir, quería quedarme en casa y dormir, sentirme seguro y cómodo. Aunque se los hice ver, no me entendieron o no quisieron hacerme caso. Como a las siete de la tarde me vino un dolor muy grande, tanto que no pude seguir respirando y mi corazón dejó de latir. Yo creo que el hombre de azul pensó que tenía mucho frío, porque me tapó entero con mi mantita. Como a los cinco minutos llegó la humana que yo más quiero: mi mamá. Venía con una lata de comida y con los ojos vidriosos, me destapó y me besó muchas veces. Me besó las patitas, mis orejas, mis mejillas, las manitos y mi pelaje se humedecía cada vez más.Después tomó su propia ropa y me secó. Me envolvió tal como lo había hecho mi doctor y me llevó al auto. Estaba muy triste y no sé muy bien por qué, porque yo nunca me sentí mejor. Lo único malo es que no pude hacerle cariño ni ronrronearle y yo sé que a ella le gusta mucho eso.Una vez que llegamos a la casa, me puso sobre su cama y escogió uno de sus chalecos favoritos. Quedé muy tapadito y se me pasó todo el frío. Después me colocó dentro de una cama muy pequeña. La cama tenía tapa y la cerró.Ahora estoy en el jardín. Me gusta mucho, porque está lleno de plantas pero me siento algo solo sin mis hijas cerca ni mis humanos. Se está poniendo muy helado y la ropita que tengo puesta no me abriga lo suficiente.Creo que estos tres años fueron muy bonitos pero pensé que iban a ser más. Extrañaré todo, especialmente el cariño y la comida. Me apena sentir desde acá los gemidos humanos y saber que mis hijas y los dos gatitos mayores me buscan por toda la casa. Me echan de menos (y yo a ellos).
No alcancé a comer pavo esta navidad

23 de mayo de 2009

Los sábados

Me apestan los fines de semana. Son aburridos, trabajados, angustiosos y desesperantes.
Partir el día cocinando y lavando ropa no es mi idea de un día de descanso.
Luego del almuerzo, partir al super a realizar las compras tampoco resulta una tarea llena de intereses.
Más tarde, aburrirse como ostra viendo tele o jugando algún juego archi viejo como Zuma.
¿Por qué no partir al cine o llegar algún café bonito y recrearse algo?
No, la verdad es que la aburrida soy yo. La falta de iniciativa es mía y no de los fines de semana.
Cocinar, lavar, comprar, tampoco es nesesariamente malo, al menos no perse pero debo reconocer que la flojera me corroe y me impide disfrutar las tareas cotidianas.
Llegará el día en que sepa disfrutar de cada momento, así sea vulgar o panorámico a más no poder. Estoy casi-casi segura que llegará.

11 de mayo de 2009

Parece que no voy bien

Se me vienen ideas locas a la cabeza, así de pronto, como flashes de una película. Ya, eso le pasa a cualquiera pero además me quedo pegada en ellas, casi como una pesadilla despierta y poco me falta para tener que sacudir la cabeza como mono animado y lograr zafarme de aquellas locuras.
Recuerdo cuando este blog se trataba de contar cuentos, la mayoría graciosos o sabrosos y me encantaría poder alcanzar eso otra vez.
Ahora sí que parece diario de vida y eso no me gusta en lo más mínimo.
¿Qué hacer? Ni siquiera puedo recurrir a mi memoria, porque se fini (o como se escriba)
Este no es el mejor de los estados para sentarme frente a un teclado y retomar mis antiguas costumbres.
Supongo que, al menos de momento, es lo que hay no más y deberé tragarme las patrañas con valentía (claro, no son patrañas, es la verdad, pero así me saben).
Igual tengo ene ganas de contar estas pesadillas en vigilia que tengo pero si lo hago, mi hermano me asesina con sus propias manitas.