



Puchas que estoy lateada. Aburridísima hasta decir basta.
Es que realmente no tengo nada qué hacer. Lo que es NADA. Con suerte el almuerzo, que ni me como porque tampoco tengo ganas de comer.
Acabo de preparar un pollo al cognac para mañana, de puro aburrida que estaba.
La tele no me entretetiene, ni leer, ni pasear. No me apetece hacer ninguna cosa. El problema es que estar de vaga es estresante.
Antes resultaba entretenido escribir. Ahora ni eso: me da pereza pasear por internet, salvo para leer una que otra noticia. Miro el blog y verdaderamente me llego a descontrolar (silenciosamente, claro está) pensando y repensando pero no se me ocurre nada.
Es cosa de ver la plantilla que acabo de instalar para darse cuenta que mi ánimo no está mal. Sencillamente no está...y punto.
Capaz que escribiendo me espabile un resto, porque así como ando por estos días, francamente es bochornoso.
Mmm...
Lo único que he hecho en este tiempo ha sido agrandar mi familia con un minúsculo rucio maullón pero mucho no me ha pescado, porque encontró en mis gatitas, madres más comprensivas y más felinas que yo, que lo lengüetean y acicalan, lo abrazan, lo persiguen y lo vigilan. Poco le importa que quien le cambia el baño y le compra su comida de gato guagua sea yo...
En fin, siete gatitos suena bien...al menos a mi me suena bien.





