Solía salirme casi del alma, sin pensar. Era mirar el teclado y tener miles de cosas por decir o por contar (que no es lo mismo).
Ahora y desde hace ya un MUY buen tiempo, se me vuelve casi angustioso. Y es raro; lo es. Porque hoy me ocurren muchas más cosas que antes que podría contar acá pero no puedo. Tal vez sea que ya no pienso mucho, tal vez solo actúo sin detenerme a analizar nada o tal vez ya se me agotó la pluma y tal vez, como decía un poco agradable anónimo (hay que notar cómo son cobardes los anónimos) el poquito talento que solía tener para sentarme a escribir y conseguir atención de las siempre agradables visitas del blog (los asiduos, por lo bajo) ya no está y hoy tengo esta otra forma chancada de escribir: un escribir maltrecho, difícil y poco original.
Podría ser una simple sequía....es verdad: una sequía y hasta conozco el motivo que la originó.
Hace un tiempo me escribió una editora de una prestigiosa casa editorial (valga la redundancia) y me animó a publicar a través de su página online. Nada más traumante para mi. Se me escapó el corazón de miedo y me pasmé. Ya no pude escribir más, presa del pánico a hacerlo mal, a ser deficiente, a no llenar expectativas.
Escribir solía ser tan simple para mi y tan fluído que podía hacerlo todos los días (escribir, no sean mal pensados) y hasta varias veces en un mismo día.
Hoy, sin embargo, ya no lo logro.
Me he vuelto mediocre en casi todo, hasta en mi trabajo estoy en pleno proceso desidioso, mañoso y poco serio.
No sé si tenga remedio. Francamente: Ni idea.





