
Llevo prácticamente un mes evitando el tema.
Pero necesito escribirlo.
Ocurre que el día en que acababa la Feria del Libro, noté que una de mis niñas (mis gatitas) tenía una barriguita demasiado prominente y estaba decaída. Pensé que no debía ser nada serio, así es que esperé hasta el día siguiente y la llevé al veterinario. Le pusieron un enema, pobrecita, porque lo más lógico era pensar que sufría algún problema intestinal provocado por tragar muchos pelos. El martes, sin embargo, seguía igual. Volvimos a la clínica y le tomaron una eco abdominal. ¿Estreñimiento? ¡Las pinzas! Había hecho una gigantesca infección uterina y debía ser intervenida en el instante. Su Doc. la operó esa misma noche y le practicó una ovario-histerectomía de urgencia.
Quedó flaquita mi Lunita, toda volada por la anestesia y con la cabecita hecha bolsa de tanto intentar salir del canil. De una gatita de facciones finitas, pasó a tener cara de Bull Terrier. A pesar de ello, todo iba muy bien...hasta unos siete días después. En uno de sus controles, la veterinaria se percató que la sutura interior se había abierto, por lo que debería ser intervenida nuevamente.
Otra vez al quirófano, otra vez volada y adolorida. Pero esta gatuna es loca y si hay algo que adora son las acrobacias. Por más que intenté contenerla, no paró nunca de saltar, trepar y volar. Sí, porque esa canción flaite del "gato volador" no es ninguna mentira. Los gatos vuelan...buehhh, al menos planean.Y eso no iba a serle de ninguna ayuda. Ya me daba miedo llevarla a control, después de todo lo que se había zangoloteado. Mis temores no fueron infundados: otra vez había roto las suturas y nuevamente debería ser operada ¡Por tercera vez!
De eso me enteré el jueves y la intervención quedó programada para ayer.
Del total de maullones que tengo (son seis) solo dos estaban esterilizados, razón por la cual, aprovechamos de operar a las otras tres junto a la muy voladora, para que así viera quietud por toda la casa y no le entren ganas de seguir zarandeándose. Por lo demás, esa infección que tuvo, bien podrían hacerla mis otras niñas, puesto que se debe a problemas hormonales y son todas familia (la mamá y las hijitas).
En resumidas cuentas, ayer fueron cuatro a pasar un rato no muy agradable a la clínica (que a todo esto está al lado de mi casa), mientras yo estaba que me deshacía de los nervios.
A las ocho salí, caminé unos veinte metros y entré a buscarlas. Ahora las voladas y turulecas eran cuatro. Me las traje de una en una y las fui acomodando en una cama especial que les había preparado en mi dormitorio. La mayor se ha dedicado a dormir, mientras las hijas cada una ha reaccionado diferente. Una anda toda mañosa y enojona, otra está como tuna y la menor fue la de peor reacción. A veces duerme, pero cuando despierta quiere puro arrancar, así es que hay que andar bajándola de las ventanas. Una vez abajo, reacciona y se pone a llorar porque no quiere estar sola. Para mayor desgracia, producto de tanto salto anoche sangró harto, así es que me dediqué a molestar a su Doc. por teléfono durante la madrugada, presa del pánico.
Cuando se calmó, dormitó pero cada vez que abría los ojos y no me veía se ponía llorar, así es que terminé acostada en el suelo, al lado de su cama, cuidándola.
Ya no dormí anoche...a ver si esta noche duermo algo.
Y todo esto me pasó por no haberlas esterilizado cuando eran guaguas. Entonces no me atreví y resultó ser peor para todas: ellas y yo.
Creo que nunca aprenderé...