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28 de enero de 2012

Y éramos jóvenes







Con la belleza que te quita la adolescencia pero la juventud devuelve. Yo creí tenerlo todo, con la típica desfachatez de una muchacha inexperta. No me siento más vieja ahora, aunque seguro así me debo ver...pero como todos los días me miro al espejo, no alcanzo a notar los cambios que otros veinte años encima le traen a cualquiera.
Soy más segura en algunas cosas, menos tímida probablemente. Creo saber mejor que antes lo que quiero y lo que no. No sé si he aprendido alguna cosa trascendente que no supiera desde antes, aunque ciertamente he aprendido a comportarme y mi carácter se ha dulcificado a punta de costalazos. Veo a mis amigos por acá, gracias a la magia de internet que te devuelve al pasado en un tris y los recuerdo a todos con un tremendo cariño, con una cierta alegría nostálgica. ¿Volver al pasado para hacer mejor las cosas? Podría quererlo pero dudo de la capacidad de hacer las cosas de otra manera. De todas formas no tiene sentido: el pasado ya fue y lo lindo, lo bueno, lo malo y lo feo forman parte de mi experiencia de vida ¿con qué propósito lo cambiaría? Sería como mutilarme gratuitamente. Y ganas de eso no tengo. Dejemos las ablaciones para los que gozan torturando.
Ya me han pasado tantas cosas que una veinteañera no podría siquiera soñar. Bordear los cuarenta no me parece tan malo, salvo porque ahora tengo que andar sobándome con el carné por cualquier achaque que a los veinte hubiera desestimado por completo.
Dicen que era bonita, otros dicen que sigo siéndolo. Lo dudo tanto. No espero que venga alguien a reafirmarme el ego porque nunca fui linda y jamás me creería ese cuento (aunque tuve momentos megalómanos, he de confesar). Claro que tuve la belleza de la juventud, cosa en la que jamás creí de joven y siempre atribuí a las típicas mañas de los viejos rezando su "todo tiempo pasado fue mejor". Ahora recién me percato que no eran cuentos, que efectivamente la juventud tiene una especial belleza mundana que los años hacen desaparecer. Tampoco veo nada de malo en perder ese encanto juvenil, salvo por el hecho indubitado que ahora me dicen "señora" por la calle y eso no me gusta nada.
Y fui joven y dueña del mundo y la verdad.
Ya no lo soy ni tengo la verdad escondida bajo las uñas. Pero tengo un algo supremo e invaluable que antes fue solo un germen: ahora tengo mi propia verdad, mi propia historia completita de vida. Siempre esperé por ella, para contarla, porque las historietas de vida me apasionan. Tengo innumerables chascarros, dolores y alegrías que desconocía. Tengo tantas vidas paralelas como decisiones he tenido que tomar y cosas he dejado de hacer, como personas conocí y otras tantas perdí. Visualizo un árbol frondoso de infinito ramaje. Desde el tronco hasta la copa hay un cierto hilo destellante con el rumbo de mi vida. Nada me cuesta tomar alguna luz para iluminar los demás caminos y hacerlos realidad a través de la imaginación, como nada cuesta tampoco reandar lo caminado devolviendo a la vida el pasado. A me resulta verdaderamente interesante. Más que simplemente eso: la verdad es que me emociona la simple posibilidad.
Y fui joven pero solo hoy poseo este acariciable tesoro. Me quedo con esta joya invaluable de poder narrar cuanta cosa se me venga en gana, sea realidad o ficción, mentira o santa verdad. Me quedo con esto, de todas maneras.

16 de enero de 2012

Discriminación e Indignados

Ha sido tema de discusión pública las últimas semanas. Toda esta avalancha comenzó en el reducto de moda entre quienes -en la región metropolitana- tienen más dinero. 
No puedo partir sin señalar que ya ese solo hecho tiene un primer cariz discriminatorio ¿Por qué será que los acaudalados siempre tienen que andar arrancando del populacho? En realidad, me respondo sola: La gente con plata, sobre todo los aspiracionales (aunque el adjetivo pueda sonar en sí discrimininatorio), intentan a como dé lugar arrancar de los barrios, sectores, barriales, poblaciones que fueron su cuna. Tienen esa necesidad de diferenciarse del resto, aunque para hacerlo se vayan a vivir a la misma cresta. Mientras más lejos del roterío, mejor.
El punto es que, lo quieran o no, deben convivir periódicamente con el "submundo" al que pertenecemos la gran mayoría de los chilenos: La clase media y aquellos que son derechamente pobres. Pero no tener plata para ellos es -como bien decía mi abuelo- el equivalente a ser tiñosos. No tener plata para irse a Cancún mes por medio (y es que ése suele ser un destino de lo más codiciado) es algo de lo que podrían llegar a contagiarse.
Ayer, una de estas mujeres aspiracionales, avecindada en el punto neurálgico del conflicto, apareció muy suelta de cuerpo por las pantallas de televisión, señalando que le parecía "un horror" que las nanas y los obreros puedan caminar por las mismas calles cerradas por las que sus hijos pasean en bicicleta. No voy a opinar acerca de ella, porque me parece que sus "enunciados" son tan impresionantemente básicos que -creo- son indignos de todo análisis.
Yo voy a esto otro: ¿Se puede, razonablemente, esperar algo distinto?
Partamos por el modelo social y la propia naturaleza humana: la gran mayoría de los mortales nos encontramos sumidos en una eterna competencia por ganar, por ser el mejor. Eso muy probablemente responda a nuestros más primigenios instintos de supervivencia y preservación (además del ego y cuanta cosa podamos extraer de nuestra psique). Topando luego, con el modelo económico y social, vemos que "lo que la lleva" es hacerse de fortuna, a objeto de satisfacer todas esas necesidades, generalmente superfluas que se supone tenemos y, de paso, como ganadores, pisotear sutil o no tan sutilmente, al que perdió en esta batalla.
La niñita ésta, que lanzó su frase para el bronce, no hizo otra cosa que manifestar, dar a conocer que ella era una ganadora del sistema, entendido así, muy burdamente, por cierto.
Desde el otro lado, han aparecido todos los indignados, arremangándose la camisa para caerle encima a esta pobre, pobrísima mujer (pobreza de espíritu, de sesos, de filtro. Está demás decirlo). Pero hay muchos, por lo que puede apreciarse a simple vista, que no se indignan con la injusticia en sí, ni con el desdén que muestran unos pocos en contra de otros muchos, sino que salta a la vista su indignación con el sistema que los ha dejado marginados y ven, con temor, como ese proceder y esa manera de "pensar" puede perfectamente atacarlos y hacer de ellos una presa más. Convengamos: Existen muchos idealistas a la vera del camino y que, una vez que tienen su oportunidad, gustosos aceptan entrar al sistema y se transforman en una eficiente pieza del armatoste que una vez repudiaron.
Pero dicen que por algo se parte:
Estos "indignados" salidos de los vericuetos del momento tampoco están demás. Ninguna indignación sobra a este respecto. (Los indignados de Wall Street no son otros sino aquellos que pertenecieron al sistema y la cuasi bancarrota del país del norte los hizo caer de una rueda de la que -de no mediar la desgracia- tampoco se habrían soltado).
Creo que fue Rawls quien dijo que la equidad proviene (en su teoría) de desconocer el lugar que uno realmente ocupa dentro del sistema, de manera que todos podremos convenir en las reglas más justas y menos perjudiciales, precisamente, porque nos cubre ese "velo de ignorancia" que nos hace temer. Acá se aplica la misma lógica pero a la inversa: en efecto se ha estado en ambos sitios (los indignados del primer mundo, sobre todos los otros) y, habiendo caído en el abismo de encontrarse fuera de este sistema perverso, habiendo calzado los zapatos del otro, no pueden menos que convenir unas reglas más beneficiosas para todos, aunque todo parta del simple temor. Después de todo, del temor a la convicción hay un solo paso. Si no lo creen, consulten las fuentes de casi todas las religiones.

14 de enero de 2012

¿Retomar?

No sé si este post signifique retomar el camino del blogguer. La verdad, dudo mucho poder lograrlo, aunque quisiera.
Releyendo muchas de mis entradas, casi no puedo creer que haya logrado escribir tanta porquería en los años en que estuve metida en esto. Cierto es que hay algunas cosas rescatables y dignas de tomar en consideración pero es igualmente cierto que existen otras tantas que son francamente decepcionantes.
Tal vez se deba a que mi percepción de la vida ha cambiado mucho de un tiempo a esta parte. Quizás no es eso. Creo que bien podría deberse a que mientras estaba inmersa en este extraño mundo, los comentarios y la cantidad de visitantes alimentaron mi siempre hambriento ego, al punto que llegué a pensar que éste era realmente un gran blog.
Mirado desde la distancia que dan los años sin postear (porque dos o tres post en los últimos tres años no es otra cosa que haber abandonado este barquito) puedo discriminar mucho mejor lo bueno de lo deplorable y siento que, de las casi 500 entradas que publiqué en los años mozos, no más de cincuenta podré atesorar.
Y debo reconocer que haber releído el blog durante los últimos días me trajo una amarga sensación de estar frente a algo casi completamente desechable. Me entretuve mucho más con los comentarios que con las entradas y, desde ese prisma, por respeto a todos quienes se tomaron la molestia de opinar, no voy a seguir mi primer impulso de suprimir el blog.
Me gustaría, sin embargo, intentar mantenerlo vivo. Claro que tratando de ser un poco más detallista, preocupada de lo que escribo, sin andar soltando tanta estupidez.
Para comenzar, puede que escriba algunas de las cosas que vengo paladeando desde hace tiempo. Tal vez pueda integrar acá algo de lo que tengo diseminado en otros medios digitales (Facebook, Gmail+ y otros blogs). Quizás se me ocurra algo digno de compartir con ustedes (y, con ustedes, muy probablemente me esté refiriendo a nadie).
Como sea, me gustaría retomar este medio de comunicación, porque, en su momento, me trajo muchos momentos muy gratos y me permitió seguir mi primario impulso de escribir.
Historias para contar creo que no me faltan. Afán de hacerlo tampoco.
A ver si esta vez puedo ser un poco más madura que hace seis años, menos soberbia: eso sería realmente bueno.
Igualmente bueno sería volver a tener lectores y el consiguiente feedback. Para un aspirante a escritor (que creo que es el verdadero motor que mueve a los poseedores de bitácoras personales), sea bueno o malo, ésta es una excelente herramienta de aprendizaje y una oportunidad única para cualquiera persona para compartir con otros, vengan de donde vengan, sin importar credos, dogmas ni nada.

5 de marzo de 2011

Cuando las cosas se reiteran...

...la vida ya no es igual.
Ahora ya no solo no tengo madre, tampoco tengo padre.
Cuando perdí a mi madre sentí que mi vida ya no tenía sentido, sentí un dolor enorme y desconocido hasta entonces. La depresión me abrazó, me acunó, me penetró y se hizo mía para siempre. Pero logré mantener la cordura, las cosas bajo control....al menos hasta cierto punto.
Me reinventé por ellas y después de ellas.
Y ahora, mi papá también se ha ido...para siempre y aunque era terrible vivir con él, también era bello y gratificante. Y nos acompañábamos los dos. Aunque no lo pareciera, aunque ambos nos sintiéramos más bien solos.
Hoy sí conozco lo que es la soledad y el desamparo. Eso de levantarse a las cuatro de la mañana y ducharse, porque ya no hay más que dormir ni que soñar.
Eso de hacer lo que se me antoje sin que nadie se meta y sin reproches: Quiero un reproche...o más bien me hace falta. Necesito que alguien me diga "Si, no, ¡hasta cuándo!, no me gusta, etc".
Quisiera que alguien se alegrara con mis alegrías y se entristeciera con mis penas, de esa forma extraña que tenía él de demostrar sus sentimientos. Pero voy a su dormitorio y solo hay muebles, cama clínica, implementos para enfermo... y su impalpable omnipresencia.
Ya no hay nadie en el living viendo tele y haciendo zapping sin parar. Ya no hay nadie a quien esperar para prerapar el almuerzo ni noches presurosas cocinando para el día siguiente.
Ya no está la enfermera cuando llego para darme un reporte del día ni ese caballero que no sabía quién era yo y hasta me agarraba a a cachuchazos cuando me acercaba a su cama...la enfermera, entrañable señora Gloria que me avisaba que tenía que comprar mil y un implementos, comidas especiales y medicamentos para ese viejito que solía ser mi padre.
Ya nada es igual, otra vez.

6 de septiembre de 2010

La decepción

Así como escribí que estaba ultra incómoda en el lugar al que había llegado, ese mismo fin de semana me agarré no sé qué bicho (según los doctores que me vieron (que fueron dos) era influenza, de ésas que hacen doler la cabeza como si fuera calabaza apaleada y exponen lás débiles paredes intestinales y estomacales a estados nada higiénicos ni fáciles de llevar. Ante tal circustancia, llamé a pega porque no podía moverme ni de la puerta del baño, me tomé como tres Diarén más dos pastillas de carbono y partí a mi anterior trabajo a implorar, casi literalmente, que me permitieran quedarme con una suplencia que justo se había producido. Como mi suerte es, por decir lo menos, esquiva, me hicieron una tapa que hasta en China pudo oírse. Mis más cercanos no daban crédito a la noticia (que no supieron de inmediato, porque preferí irme mutis por el foro, con el hocico partido y el rabo entre las piernas).
Así todo, algo de suerte me llega, o bien Dios me da inesperadas oportunidades y ya estaba revolcándome de pena cuando me llaman para un trabajo y empecé al día siguiente (claro que llevar un año de puras suplencias e interinatos ya me tienen los nervios harto más que simplemente destrozados)
No es un gran lugar. Nadie es amigo de nadie, nadie habla con nadie. Los correos con copia a los jefes acusàndose mutuamente de garrafales errores van y vienen, sin embargo, el lugar al menos está con menos de mitad de su dotación completa, lo que me permite zambullirme en la pega e intentar olvidar todo, todo lo que me rodea y lo que me ha sucedido.
Pero no estoy bien. En lo absoluto. He hecho cosas con las que siempre fanteseé algo pero jamás me había atrevido. El sábado pude, sin embargo pero no logré mi objetivo, salvo un gigantesco encontrón con unas tipas, tan mayúsculo, que hasta garabatos les propiné, yo que no digo ni mierda. Luego de ello un incontrolable ataque de llanto, con sangre esparcida por toda mi cara y un dolor de mucosas y garganta que solo he sobrellevado a punto de oralgene, ortoxine o como cresta se llame ese medicamento que evita los dolores de gargante al tiempo que tambié previenen y matan infecciones.
Lo que ocurra de aquí en más solo Dios lo lo sabe, así como también sabe que se me agotaron las ganas de todo y solo me despierto para trabajar y al volver me duermo lo antes posible para olvidarme de todo, tal y como no lo estoy haciendo ahora.
Ni siquiera quiero recordar las varias personas que han decepcionado profundamente, a quienes definitivamente no odio pero que mantendré bien alejadas de mi si es que por esas cosas de la vida me las vuelvo a topar.
Es el fin, de una etapa, de un ciclo o de todo...no lo tengo claro. Solo sé por ahora que, siendo las seis de la tarde me voy a acostar y espero no despertar hasta que la alarma suene mañana.

28 de agosto de 2010

El odio gratuito

Hace muy poquito tiempo tuve que dejar mi pega de un año, porque no era titular y el momento tenía que llegar, más temprano que tarde. Y Llegó.
Por suerte para mí, tuve la posibilidad de partir a una pega similar en otra parte, lugar al que llegaba con la específica misión de reproducir la forma de trabajar a la que yo estaba acostumbrada y que tan buenos resultados había dado.
Lamentablemente, el resquemor ante esta situación se hizo sentir desde el primer día, incluso con alguien a quien yo ya conocía, cosa que jamás esperé de ella pero eso fue nada más un primer indicio.
A pesar de la reticencia de mis compañeros y superiores, he intentado amoldarme a su estilo pero, al mismo tiempo, trato, en la medida de lo posible, de aportar algún conocimiento, porque mi idea es ser de ayuda, marcar una pequeña diferencia que haga las cosas más fluidas.
Pero ya todo había partido mal. El primer día encontré dos pedazos de vidrio en mi almuerzo, motivo por el cual simplemente ahora me voy por el alambre (preferible eso a irme cortada). El segundo día recibí una reprimenda por no haber hecho algo el día anterior, respecto de lo cual yo ignoraba su urgencia y que tampoco sabía hacer, motivo por el cual estaba esperando que la persona que se peina con el tema tuviera un momento libre para explicarme. En el ínterin, me cambiaban abiertamente trabajo bien hecho para amoldarlo a sus costumbres o derechamente me lo devolvían para rehacerlo a sus gustos. "Pajarito nuevo la lleva" pensé sin chistar y continué trabajando como china (cosa de la que no me quejo, porque soy un tantín trabajólica).
El tema se repitió hasta el viernes, oportunidad en que una persona equis, de cierta jerarquía, me llamó a su despacho, en frente del gran jefe, para acusarme abiertamente de haberle ocultado información, lo que había provocado una injusticia para un usuario. Ya me habían contado que era capaz de cualquier cosa y yo la muy pelotas había abogado por ella, creyendo que de verdad era una buena persona. Sin embargo, me defendí, por supuesto que lo hice, porque no voy a dejar que pongan en duda mi profesionalismo y menos que me traten de mentirosa. Pero ella se mantuvo en sus falsos dichos y yo en los míos, hasta que esta mujer tuvo que irse y yo me quedé con el jefe. Le reiteré mi posición y le dije que yo estaba muy clara a quien le iban a creer pero que eso no significaba que yo dejara de defender mi honra, a sabiendas que era yo quien tenía la razón. Me replicó que no había pasado nada y que me quedara tranquila, porque todo seguía como siempre. Plop!!!
Para empezar, nada ha estado tranquilo desde el minuto en que puse un pie en aquel lugar. Casi todo el mundo (no todos, por suerte) me rehúye, como si yo fuera el diablo y anduviera con un tridente en vez de cartera. Tampoco me dan acceso a la persona que en primer lugar estuvo interesada en que yo trabajara ahí...y aunque lo tuviera, tampoco voy a actuar como una completa cahuinera, pormenorizándole las situaciones que he tenido que soportar en apenas una semana de trabajo.
Y mis amigos? Ellos solo me dicen que me quede por las lucas, sin importarles lo que yo tengo que vivir a diario. Y es que yo trabajo feliz de la vida en esto porque me gusta pero el mundo se me derrumba cuando el ambiente deja tanto que desear. Trabajar de esta manera es una tortura.
Soy una persona tranquila, siempre respetuosa de los demás, odio las rencillas y las discusiones sin sentido...¿Qué diablos hago acá? Alguna cosa mala que hice debo estar pagando...no sé qué cosa sea ésa pero prefiero pensar eso a optar por la gratuidad de los malos tratos.

En fin, tenía que desahogarme en alguna parte y nadie mejor para entenderme que yo misma y mi anónima y siempre fiel página.

2 de junio de 2010

El día más largo (Eyes wide shut)

El día más largo comenzó para ella de una forma inesperada. Despertó más temprano que nunca, dispuesta a comenzar con toda su energía. Pero era aún de noche, así es que esperó, esperó hasta que se hizo de día.
Aclaró para todos y para ella aún más. Disipó la vista nublada y se incorporó rápidamente, solo para dar paso a la nada.
Hoy no hay, pensó. Y tenía razón. No había nada para ella esa mañana, ni la siguiente.
Y se abrigó las penas, bebiendo sus lágrimas saladas y anhelantes. Mil rostros se avalanzaron sobre sus ojos cerrados. Mil palabras resonaban por dentro de sus oídos. Mil palpitaciones asaltaron sus venas, su mente, su corazón.
Otro espanto concretado. Volvieron las largas hibernaciones, los escondrijos mentales, la soledad disimulada con muecas, el anonimato de una vida ahuecándose y a punto de marchitarse.
Y fue el otoño para ella, aproximándose al cénit de junio, tan lleno de hielo y de recuerdos, tanto frío. Ya no habrá manera de abrigar más las congojas.
Y comprendió, como había sospechado antes que estaba inserta en el día más largo. Como los hubo antes, como los seguirá habiendo y, por fin, luego de tantos años comprendió bien el significado de la última película de Stanley Kubrick: "Eyes wide shut". No era un juego de palabras, no era un ingenioso acertijo. Era la única manera de continuar sabiendo que los días más largos jamás terminarán, hasta que llegue la noche más larga, la noche eterna, aquella con la que fantaseó tantas veces pero hasta ahora nunca concretó. Eyes wide shut, murmuró...eyes wide shut...

30 de mayo de 2010

Una gran pena

Revisando el blog y mi blogroll, recuerdo los años dorados del blogueo, con tantos amigos blogguers, con quienes conversaba a diario y los leía con fervor, porque -y a pesar de ser todos diferentes- teníamos un cierto hilo conductor que nos unía, hasta que sin ponernos de acuerdo ni nada, desaparecimos todos del mapa. Nunca más actualizamos, nunca más fuimos a las páginas de nuestros cibernautas amigos para leer alguna de las ingeniosidades que se les había ocurrido, nunca más nada, ahora todo es como un árido desierto. No, en realidad es todo como un pueblo fantasma, de ésos en donde alguna vez se desarrolló una bollante ciudad pero hoy ni las ánimas penan.
Recuerdo tantas cosas, como cuando conté que casi me herví en salmuera dentro de mi bañera aplacando mis eternos dolores de espalda y cuello o cuando hablaba del "Bulto" (mi pareja de la época) hasta que llegó un macabro personaje a ensuciarme el blog del tal manera que borré al famoso "Bulto" de todas mis entradas posteriores y logré deshacerme del estúpido gnomo sin vida que se aparecía a puro mosquearme (y de paso les tiraba mierda a los que comentaban en mi blog (que no eran pocos, como hoy).
Me acuerdo cómo entraba con energía, onda "aquí te las traigo Peter" al blog de Roberto (ATTS) a dar mi siempre instruida opinión (porque si no dominaba bien el tema de su post, primero estudiaba un resto y después entraba a pelear con todos los ignorantes que entraban allí, jurando que demostraban algo...era muy, muy entretenido ver las roscas que se armaban: Nada más atrayente que una discusión de ideas. O el entrañable blog de la Sole, que extraño mucho no poder leer. Lo que hay ahí ahora dista mucho de lo que yo conocí.
Este propio blog desapareció por un tiempo y hoy tampoco es ni la sombra de lo que un día fue.
Es la nostalgia, como dice por ahí una canción perdida en el tiempo.
Es una gran pena.
A ver si un día -ojalá más temprano que tarde, les entra las nostalgia a todos y volvemos a ser el "anillo de blogs" que un día fuimos. Y de no ser así, creo que seguiré escribiendo de cuando en vez, porque siempre hay cosas que contar, ideas que una quisiera compartir o sentimientos que develar. Escribir es tan vasto como vivir y me viene del alma como ninguna otra cosa. Capaz que les haga caso a unos señores españoles que un día escribieron a mi correo y me ofrecieron una excelente oferta que no acepté por ser simplemente cobarde ¿Qué tal si no me iba como ellos esperaban?
Pero bueno, el tema era otro y, como de costumbre me desvié.
El punto es que quiero a mis amigos blogguers de vuelta, tanto en sus páginas como acá, perderlos es una gran pena.
Y aunque todo en la vida cambie, siempre habrá cosas con las que no me corfomaré, aunque guarde en mi corazón un trocito de ellas (o tal vez por lo mismo).

17 de mayo de 2010

Hay personas...

...y personas.
Con ya no pocos años sobre la espalda, he conocido de todo.
En medio de la adultez, sin embargo, he conocido el lado A y el lado B de muchos.
He trabajado como independiente toda mi vida pero también he tenido paréntesis laborales de trabajo dependiente.
En el primero que tuve, me encontré con la total antipatía de quienes me eran más cercanos, todo porque el jefecito tenía planes mayores para mi (de los que me vine a enterar tiempo después de haber renunciado) Era un trabajo muy bien pagado, con muchas proyecciones y con el que me di hartos gustitos profesionales. Era, sin embargo, trabajar para el demonio, con todas sus gárgolas a mi alrededor y sin un minuto de descanso ni para dormir. Y como mi alma no está en venta, pues renuncié.

El segundo trabajillo partió muy bien, parecía que éramos equipo y todo marchó sobre ruedas hasta que de pronto mis compañeras de trabajo se transformaron (se repite el cuento) en mis enemigos, solo que esta vez nunca supe la razón, salvo el cahuín en que me metió una empresa externa. Jamás podré perdonar el trato que me dieron y lo tremendamente injusto de la situación.

El tercero pasó piola. Casi trabajaba sola y el contacto con la empresa se daba más por mail que por otra vía, hasta que quebraron y la entretención pasó a mejor vida.

Ahora estoy en otro, al que llegué por grandes casualidades de la vida y ha sido muy gratificante. Lástima que tenga los días contados. Pero no me puedo quejar: llegué a hacer una suplencia por 15 días y voy a enterar nueve meses: lista pa'ponerle nombre a la guagua.
Fue lindo, aprendí mucho. Me siento profesionalmente enriquecida (aunque no ha faltado el mequetrefe que me ha preguntado ¿pero cómo has podido rebajarte así?). Conocí personas bellas (y otras no tanto), una forma de trabajo totalmente desconocida para mí, que siempre la vi desde fuera y nunca di demasiada importancia. Pero la tiene y mucha.
Me iré atesorando grandes y muy lindos recuerdos, habiendo ganado mucho en lo profesional (aunque, insisto, muchos conocidos y hasta amigos aún no se explican qué hacía yo metida ahí, sin entender que todo trabajo es digno y todo trabajo enriquece. Y éste más que muchos otros, para la profesión que poseo. Es más, a varios he recomendado intentar meterse en ese sistema, porque les va a cambiar la perspectiva en muuuchos aspectos).

En fin, hay personas y hay personas, se titulaba el post.
Las he conocido odiosas, cahuineras, mentirosas, flojas y un larguísimo etc. Hoy por hoy, la suerte me ha sonreído y caí redondita en un equipo de trabajo excelente.
Habrá de dulce y de grasa, como en todas partes, pero acá sobra lo dulce y eso es escaso de encontrar.

Serán siempre bellos recuerdos. (eso sí, intentaré borrar todo lo amargo, que fue poco pero intenso...y es que hay personas...y hay personas...)

1 de marzo de 2010

Las tragedias cotidianas: Terremotos más, terremotos menos...

Que alguien se golpeó fuertemente un dedo, que el auto lo dejó botado, que perdió el vuelo, se murió una madre, un niño nace con problemas, un invierno con inundaciones, un día de verano con terremoto y maremoto...
Para cada chileno esto debiera ser parte de la vida misma. Sin embargo, cuando cualquiera de las predichas situaciones ocurre tienen la máxima urgencia o gravedad para quienes la sufren.

Claro que lo del viernes está siempre comtemplado para un futuro pero cuando ocurre, parece que casi nadie lo llevara internalizado en su disco duro, casi como una lobotomía colectiva, con gritos, llantos desesperados "acabo de mundo" gritaban los ancianos, aún cuando a ellos no les haya pasado absolutamente nada.

Estoy harta de escuchar hablar de la unidad nacional, del estado de catástrofe, de las réplicas y las súplicas.


Nada más que otra catástrofe, aunque esta vez colectiva, con muchos muertos y damnificados.

¿Cuántas personas habrán muerto en lo que iba corrido del año hasta el 27 de febrero? ¿Cuántos familiares acongojados por su pérdida? ¿Cuántos "damnificados" por tanta cosa que puede ocurrirle a cualquiera?
Detesto ver al de bracitos cortos clamando por la unidad nacional, para camuflar un desesperado grito de "Déjenme gobernar, que ahora es mi turno pero no voy a poder si ustedes no se suman a mi proyectito".
Me pasmó ver por la tele a la gordis, tan soberbia como soberana, diciendo que no necesitamos ayuda externa. Porque, puchas, qué tremendo país somos, pos hombre!!!

Hasta risa me dio ver al pillín que se llevaba su buen plasma de 42 pulgadas y lo mandaron con soberana patá'en la raja para su casa, sin víveres, sin plasma, sin orgullo y SINvergüenza.

CHILE PUEDE, VAMOS CHILE, LEVANTEMOS CHILE, SOMOS LOS TIGRES DE SUDAMÉRICA ¿ACASO NO LO VIVIMOS TODOS ANTENOCHE?
PERO QUÉ GRAN PAÍS.
¡¡¡VIVA CHILE MIERDA!!! (pero que viva para mi, porque el resto es nada más eso: el resto).



Con Dvorak se lee mejor (de la sinfonía del Nuevo Mundo)