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18 de febrero de 2010

Cuadernos del Argonauta: EL PODER ES UNA ENFERMEDAD MENTAL

Cuadernos del Argonauta: EL PODER ES UNA ENFERMEDAD MENTAL

Vagando por Facebook me topé con este enlace y como justo hoy había estado discutiendo el tema, entré y puchas que me sentí identificada.
Al parecer soy una anarquista disfrazada de mansa oveja (no de Maaansa oveja).

Si es que alguien perdido por ahí me sigue leyendo de cuando en vez, les recomiendo el sitio. Léanlo, les sorprenderá.

Y ya, pos, aprovechando el impulsillo, me toca decir alguna cosa: Entonces, COSA.

Hablando en serio, echaba de menos escribir: mucho. Y es que por escrito las cosas me resultan más fáciles de soltar, espetar o decir.
Llevo tantas ideas metidas dentro, tantas sensaciones, sentimientos e historias que me pican los dedos por escribir como si me llevara el diablo. No lo hice antes, porque ahora mi pega consiste en analizar y escribir todo el día y llegar a mi casa a hacer otro poco más de lo mismo...pues sentí que era como mucho. Pero no, no es mucho cuando lo que quiero decir no está en las cosas que redacto en el trabajo. Yo no estoy en esas palabras, por muy propias que puedan ser (cuando lo son).

La espalda me está comiendo de tanta mala postura, los ojos ya no ven como debieran y las lecturas se me vuelven casi imposibles, porque hasta las letras llegan a cruzarse y veo todo borroso.

Me ha entrado nuevamente ese bichito trabajólico que no me permite descansar, que solo me deja descansar cuando duermo forzada por mis pastillas especialmente recetadas para eso. Ya casi no tengo vida y la poquita que me va quedando se ve completamente absorbida por el trabajo.
¿Qué puedo hacer? Si cuando me dicen "distráete un poco" me suena a sarcasmo, si ahora mismo estoy repasando cada momento del día y lo mucho que tengo que hacer (y el poco tiempo que me queda para ponerme al día).
Claro, si sigo así me voy a reventar, porque ya no tengo 20 y siento el agotamiento.
Sí, ya estoy agotada. Teniendo la cabeza repartida en mil partes distintas, con un dolor en el cuello que me llegan a dar ganas de llorar pero que en trabajo disimulo lo mejor que puedo. Llevo más de un mes enferma pero nadie lo sabe. Tengo fiebre, el ya mentado dolor de espalda, una jaqueca permanente, dolor de oídos, en fin, lo que nombren, lo padezco en estos momentos.

Pero basta de lloriquear. Hasta se me esfumaron las ideas y los cuentos por contar (que son -o eran- hartos).
Como dicen los gringos, nos vemos cuando nos veamos...en fin...

3 OPINAN ¿Y BOSTON?:

  1. me han cautivado tus textos, que de fuleritos no tienen nada

    abrazo

    Mauricio

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  2. Grcias por el comentario. El cautiverio es mutuo

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  3. No te compliques la vida deja que ese bicho trabajolico que hay en ti, te de el respiro que te mereces...los dolores, la fiebre, el llanto, el cuello...eso se llama stress y no puedes seguir así, el tiempo te pertenece, nadie puede quitarte ese derecho dado...arrancate a tomar un cafe en buena compañia de ves en cuando o de cuando en vez...dale tiempo espiritual a la vida...
    Simplemente cerrando ciclos

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¿y Boston?